
Se sentó en el alfeizar de la ventana rodeándose las rodillas con sus brazos y apoyando su cabeza en las mismas, miraba a través de los cristales empañados a causa del frío reinante en el exterior.
Una lágrima recorría su mejilla, deslizándose lentamente por ella. No había motivos aparentes para ese llanto, no al menos razones recientes, pero si unas sensaciones internas de cobardía, de falta de valor, de no haber actuado acorde a las circunstancias, de miedo paralizador. Un cúmulo sentimientos contradictorios a los que tenía que empezar a poner cierto orden.
Hacia mucho tiempo que sabía que los príncipes azules - de relucientes armaduras y blancos corceles- no existían, pero conocía la existencia de las pequeñas ranas verdes que te hacen sentir como una princesa. Tenía tanta certeza en su presencia porque ella había encontrado la suya.
Una pequeña rana que no solo la había hecho sentir como una princesa y que la sorprendía con pequeños detalles más valiosos que cualquier reino lleno de riquezas, si no que además por primera vez en mucho tiempo le había hecho tener la certeza de que su amor era correspondido en igual medida.
Pero por culpa de ese miedo paralizador, de ese temor a dar un paso adelante, de cambiar las cosas, le había perdido; la pequeña rana había dado un gran salto y desaparecido, o al menos ya no aparecía de la misma manera que cuando la había hecho sentir una princesa de cuento de hadas.
Sabía que sino hacia nada seguiría prisionera de su jaula, que no era precisamente de cristal, sino de horribles barrotes de frío metal.
Apretó más los brazos al rededor de sus rodillas, fuera había empezado a nevar, vio como los pequeños copos caían con una ligereza sin igual y quiso ser uno de ellos, poder fundirse con el blanco manto de fría nieve y desparecer.
Y una vez más pensó... mañana, mañana tomaré las riendas de mi vida... mañana...
4 Pensamientos:
mañana... siempre mañana
que facil es decir esa palabra, verdad?
Besoooooos
¡Aaaaaay! Me sentí tan identificada... A veces el miedo es el peor enemigo, aunque otras veces es un gran amigo: a veces,tb te ayuda a ir despacito e incluso protegerte a tiempo de una tormenta devastadora y no hacerlo todo a lo loco.
Saluditos.
Por qué será que siempre esperamos a mañana¿¡?
¿Crisis, qué crisis?
Los ricos también lloran
Es más fácil huír de la realidad que enfrentarse a ella; lo que no sabemos la mayoría de las veces que es podemos vencer.
Me ha encantado, un besazo.
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