02/05/09

Te esperaré (cuentacuentos)

Donde se confunden relojes con lunas y se pierden los segundos de ese tiempo olvidado, me sentaré a mirar como pasa el tiempo que aun tiene que venir.
Cual cancerbero de las horas perdidas reclutaré las milésimas de segundo que se desperdician y con ellas construiré nuestro tiempo. Un espacio propio donde no habrá muros ni barreras, donde el sol brillará hasta que la luna le alcance, en ese juego de seducción que representan a diario.

Donde se confunden relojes con lunas crearé ese espacio propio donde no tendremos que rendir cuentas más que al señor de las horas, dueño de todos los tiempos, sin necesidad de tener que vivir el presente si donde nos sentimos más a gusto es en ese pasado lejano que solo conocemos a través de historias contadas, o en ese futuro imaginario que solo nosotros hemos soñado.

Donde se confunde relojes con lunas dejaremos de imaginar y podremos realizar, cesaremos de pensar para pasar a actuar, no tendremos que soñar sino solo vivir

Donde se confunde relojes con lunas te esperaré aunque ello me lleve otra eternidad.



27/04/09

Se Acabo... (cuentacuentos)

Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas. En el mismo instante en que dejo de ensayarlas delante del espejo imaginario de la vida , en ese momento las palabras brotaron como el manantial contenido de sentimientos y sensaciones que habían sido.

Fue en esa fracción de tiempo en que se dio cuenta de que ya no tenía que seguir preparando un discurso plagado de razones para dar sentido al mayor de los despropósitos.

Se produjo el milagro que llevaba tanto tiempo esperando, y solo dos palabras salieron de su boca, en el momento preciso “se acabo”

Era el fin, era el principio. El fin de un sinsentido que llevaba casi dos décadas consumiéndola, el principio de lo que podría ser el sentido del resto de su vida



08/04/09

Maldito! (cuentacuentos)

Miré el calendario, un año más era San Valentín.
Una año más debería estar devanándome los sesos para buscar un regalo adecuado que te demostrara todo lo que te quiero, lo que realmente significas para mi, pero un año más me quedo paralizado, hundido en ese viejo sillón, esperando que las horas pasen, que el reloj marque las doce de la noche y pueda decir que al fin es ya 15 de febrero.

Un año más es el día más triste de mi vida, veo la felicidad de las parejas que me rodean y no puedo más que odiarles por ello.
Hace ya demasiado que tú no estas en este día ni en ningún otro de mi vida.
Maldito conductor borracho!
Maldito destino que te arrebato de mi lado!

06/04/09

La mesa del fondo (cuentacuentos)



“Yo sólo quería un café y ¿ahora resulta que su destino está en mis manos?" Estaba encallada en esa frase y tenía que seguir avanzando, el tiempo de entrega que su editor le había dado tocaba a su fin. Mil veces la había borrado y mil veces releído lo que la precedía y otras tantas la habían vuelto a escribir, era como si la atrapara y no la dejara escapar y tenía su lógica de que fuera así.

Recordaba el tiempo en el que acudía aquel pequeño café a escribir, se sentaba en una de sus mesas y dejaba que el olor del negro líquido le invadiera, se apoderara de ella.
Era un lugar tranquilo frecuentado siempre por los mismos parroquianos, una clientela variopinta y fiel al lugar.
Le gustaba la tranquilidad que allí reinaba, la complicidad anónima que había entre el público asistente, le daba la paz que necesitaba para garabatear su libreta de notas.

Había reparado en él un día que levanto los ojos de sus notas y miro a su alrededor, a pesar de conocer de vista a toda la concurrencia nunca había reparado en la persona que ocupaba la mesa del fondo.
Era moreno, de profundos ojos negros, jugueteaba nervioso con la taza vacía mientras bebía sorbos de café en su vaso alto, lleno de hielo.
Le llamo poderosamente la atención, sin saber muy bien porque, pues era de esas personas que pasan desapercibidas, que se esfuerzan en ello y lo consiguen.
No recordaba muy bien como ni porque, pero un día acabo sentada en su mesa, charlando como si se conocieran de toda la vida, como si fueran íntimos amigos.

Aquellas charlas se prolongaron en el tiempo, casi a diario, y sin quererlo ninguno de los dos se creo un vínculo irrompible, era más fuerte que ellos mismos, una conexión invisible que les unía de una forma inusual.
El tiempo fue pasando y las charlas sucediéndose con regularidad, cada vez más íntimas, cada vez más intensas, cada día más necesarias.
Se enamoraron sin tan solo darse cuenta, eran dos que se comportaban como uno, tan fuerte era su compenetración que ya no hacían falta palabras les bastaba con una mirada. Se conocían a la perfección, sus defectos y virtudes, se amaban como eran, dos seres encerrados en su mundo, un mundo a medida de su amor
Lo que había empezado con una charla en la mesa del fondo del pequeño café acabo convirtiéndose en una solidad unión
El destino de uno estaba en manos del otro...si los separaban no eran nada, si los unían lo eran todo.

Y ahora cuando releía una vez más lo escrito se daba cuenta que tenía que seguir a partir de esa frase, que no la podía borrar, esa máxima que encerraba la razón de su existir... ella solo quería un café y de pronto se encontró entre sus manos un destino que no era el suyo, el suyo estaba en las de la persona de la mesa del fondo...

28/03/09

Abrazados (cuentacuentos)

Cuando ya no supiéramos de qué hablar, nos acurrucaríamos en un rincón a dormir abrazados, esperando que ese silencio incomodo e omnipresente lo invadiera todo con su manto de negra tristeza, dejando que las horas pasasen lentamente, sin vivirlas.

Dormiríamos para no enfrentarnos a esa cruda realidad que nos aplasta cual pesada losa del destino, ya no hay palabras, solo miradas llenas de reproches que esperamos, con anhelo casi infantil, que desaparezcan en la oscuridad de la noche, en el calor – falso – de ese abrazo.

El tiempo corre en nuestra contra, cual broma absurda de un sino incierto, que se empeña en mantenernos juntos en ese recodo de la memoria donde permanecemos anclados a unos recuerdos agónicos, última reminiscencia de aquel amor que pudo pero que no quiso ser.

Nos abandonábamos a ese abrazo que mantenía nuestros cuerpos unidos. Dos cuerpos casi inertes que se movían por la inercia del recuerdo, que se entrelazaban sin pasión alguna, que se unían en un último esfuerzo para sentir, que se acoplaban para soñar.

Cuando ya no supiéramos de qué hablar, nos acurrucaríamos en un rincón a dormir abrazados, a esperar que el tiempo acabase por marchitar cualquier esperanza.



20/03/09

Tal vez un día... (Cuentacuentos)

Vagaba por las calles de la ciudad, bajo ese manto de lluvia fina que se empecina en caer día tras día empapándolo todo.
Metió la mano en el bolsillo y saco las pocas monedas que le quedaban, a penas cuatro chavos con los que sobrevivir un día más.
Giro la esquina de la calle por la que iba, desembocando en un callejón sin salida, donde un gato callejero maullaba entre los contenedores de basura, debía tener tanta hambre como él. Al final de la callejuela brillaba una tenue luz que salía de un farillo de la pared, arrastro su mojado cuerpo hasta el interior de la oscura taberna, parecía como si dieran más importancia a iluminar el exterior que el interior de la misma.
Ocupó una de las mesas vacías que había cerca de los sucios ventanales, no era un lugar agradable ni acogedor, pero si era un lugar caliente, la chimenea que había en la pared opuesta a las ventanas era capaz de mantener caliente la maloliente estancia.




Pidió un vaso de vino y un poco de queso, era lo máximo que podría comer en todo el día, tal vez mañana habría más suerte.
Saco su pequeña y vieja libreta y pidió un bolígrafo al camarero, quien se lo tiro sobre la mesa con cierta desgana, no era precisamente su cliente preferido, nunca dejaba propina.
Empezó a escribir con aire ausente “El invierno trae el gris de un cielo húmedo y una ciudad hastiada...
Su mente estaba lejos muy lejos de allí... tal vez algún día lograría vivir de lo que escribía, tal vez un día...


13/03/09

Palabras...

Nunca entendió porque le resultaba tan difícil decir las cosas cara a cara, siempre era mucho más fácil escribirlas y dejar que el viento soplara las palabras escritas que no enfrentarse a unos ojos anhelantes que piden entender lo que escuchan.
El anonimato de un papel en blanco garabateado con una pluma medio seca le daba el aplomo necesario para enfrentarse a casi todo. Sabía que era cuando poco cobarde, que lo normal era hablar las cosas, decirlas en alto, pero no podía. Sabía que si las decía y las oía tomarían aquella magnitud que tanto miedo le daba.
Escritas, leídas, parecían otra cosa, pero eran lo mismo, pues eran sinceras, aun escondiéndose en el anonimato de un escrito cualquiera.
Una vez más saco su ajada libreta y su vieja pluma para pedirles ayuda, para dejar en ellas la responsabilidad de hacerse entender, de poner cierto orden a unos sentimientos que luchaban por salir, por hacerse entender, por dejarse ver.
La pluma parecía tomar vida en su mano, volaba por el papel plasmando todo lo que necesitaba reflejar... era como si su subconsciente se liberara de un gran peso

Soy cobarde por naturaleza, ese miedo me ha llevado muchas veces a esconder lo que siento, a negármelo y a negártelo, a enterrarlo en lo más profundo, en lo más recóndito de mi ser. Pero no siempre fue por cobardía, hubo veces que fue por supervivencia, la tuya y la mía, por no lastimarte más – es algo que no soporto, que me hace pedazos y no me deja vivir – por no hacer estallar mi cabeza pensando en que decisión tomar.
Lo he vuelto hacer, me jure que no pasaría, que callaría, que nunca más te lo diría, pero lo he vuelto hacer. No se si para bien o para mal, pero he sido incapaz de ser fiel a mi propia promesa, al juramento que me hice de no volver a demostrarte lo que sentía.
Perdóname.
Es cierto que nunca dejé de quererte a pesar de la frialdad que a veces demuestro, a pesar de la distancia que a veces marco, es otra vez la maldita coraza, esa armadura que pesa como una losa y que no me puedo quitar, de la que no quiero –al menos, aun- desprender. Es un instinto de supervivencia.
Pero ya no hay marcha atrás, lo hice, te lo dije y ahora.... por mucho que quiera no puedo borrarlo, no quiero rectificarlo. Pura contradicción, como siempre.
Solo se que te quiero, que a tu lado encontraría esa felicidad que hace años me abandonó, que a tu lado ya la encontré y la deje escapar por no saberla afrontar.
Y una vez más me escudo en unas letras que no dejaran de ser un retazo de pseudo realidad


Releyó mil veces lo escrito, quiso arrugarlo y tirarlo, pero no pudo. Quiso destruirlo pero no tuvo el valor de hacerlo.
Abrió el cajón del olvido y en él enterró aquel papel lleno de garabatos con un incierto sentido... o con un sentido que quizás, una vez más, preferiría que no fuera cierto.